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RUNWAY MOTION · 2026

La Palma Fashion Week reunió diseñadores, profesionales de la industria e invitados conocidos en una edición que aspiraba a reforzar su proyección nacional. Sin embargo, las dimensiones del espacio elegido dejaron una pregunta sobre la mesa: ¿estuvo la pasarela a la altura del acontecimiento?

La Palma Fashion Week celebró los días 2 y 3 de octubre de 2026 una nueva edición en el Museo Arqueológico Benahoarita, en Los Llanos de Aridane, bajo el lema «La belleza renace sin límites». Una convocatoria que reunió propuestas de Isla Bonita Moda, Tenerife Moda, Gran Canaria Moda Cálida, Lanzarote Moda, La Gomera Moda y Magia y Adlib Ibiza, además de la participación de la Escuela de Arte Manolo Blahnik.

La presencia de personalidades como Ariadne Artiles, Lidia Torrent, Carmen Farala, Rocío Martín Berrocal o Juan Duyos contribuyó a dar visibilidad al encuentro, respaldado por una importante promoción institucional y una cobertura mediática que destacó el talento de los diseñadores y el crecimiento de la moda palmera.

Hasta aquí, todo parece responder a las aspiraciones de una Fashion Week que quiere consolidarse. El problema aparece cuando observamos las imágenes de los desfiles.

Una pasarela demasiado pequeña

El Museo Arqueológico Benahoarita puede ser un espacio cultural magnífico, pero eso no significa necesariamente que sea el lugar más adecuado para una producción de estas características. Las imágenes muestran una pasarela muy corta, con el público prácticamente encima de los modelos y un recorrido que apenas permite contemplar las prendas antes de que deban regresar.


La limitación resulta especialmente evidente en los finales de desfile, cuando los modelos deberían reunirse para presentar la colección en su conjunto. En lugar de disponer de amplitud y perspectiva, el espacio obliga a comprimir la formación, restando fuerza a uno de los momentos más importantes de cualquier presentación.

No hace falta una pasarela monumental para organizar un buen desfile, pero sí unas dimensiones que permitan mostrar las colecciones con dignidad. Detrás de cada una hay meses de trabajo, inversión y esfuerzo de diseñadores y equipos que merecen algo más que unos pocos metros para enseñar sus creaciones.

La sensación que dejan algunas imágenes es inevitable: demasiado talento concentrado en una especie de lata de sardinas.

¿Y el público?

La organización insistió en su intención de acercar la moda a la ciudadanía, aunque los desfiles se anunciaron con entrada gratuita hasta completar un aforo limitado. No conocemos las cifras reales de asistencia, por lo que sería injusto hablar de falta de público sin datos que lo demuestren.

Sin embargo, sí cabe preguntarse cuánto espacio quedó para los ciudadanos después de acomodar a invitados, representantes institucionales, profesionales y medios de comunicación.

Una sala pequeña puede parecer llena con relativamente pocos espectadores. Por eso, el éxito de una Fashion Week no debería medirse únicamente por las primeras filas ocupadas o por las personalidades que aparecen en las fotografías, sino también por su capacidad para abrir la moda a quienes desean conocerla.

Resulta curioso que, entre tantas publicaciones y balances favorables, apenas se haya hablado de las dimensiones del recinto o de las condiciones en las que se desarrollaron los desfiles. La cobertura mediática es necesaria, pero también lo es una mirada crítica que permita mejorar futuras ediciones.

El miedo a la lluvia no debería encoger la pasarela

Es comprensible que la experiencia de la edición anterior, cuando la lluvia obligó a modificar el desarrollo de algunos desfiles, haya dejado cierta preocupación a la hora de elegir un recinto. La meteorología puede arruinar meses de preparación y nadie desea repetir una situación semejante.

Pero proteger una Fashion Week de la lluvia no debería significar renunciar al espacio que necesita para desarrollarse adecuadamente.

Esperamos que la apertura del nuevo auditorio, o incluso un cambio en las fechas de celebración, permita encontrar una alternativa que reduzca la preocupación por las condiciones meteorológicas sin sacrificar la amplitud de la pasarela. La Palma dispone de escenarios singulares y de una identidad propia que pueden convertirse en grandes aliados de su moda, siempre que la elección del lugar responda también a las necesidades de los desfiles.

Crecer también significa mejorar

La Palma Fashion Week 2026: modelo desfilando ante el público en una pasarela de moda.
La Palma Fashion Week tiene diseñadores, talento, respaldo institucional y capacidad para atraer profesionales de fuera de las islas. Son argumentos suficientes para seguir apostando por ella, pero crecer no consiste solamente en incorporar más firmas, aumentar la lista de invitados o conseguir nuevos titulares en los medios.

También significa revisar aquello que no ha funcionado como debería y ofrecer mejores condiciones a quienes hacen posible el acontecimiento.

La crítica no va dirigida a los diseñadores, sino precisamente en defensa de su trabajo. Una colección merece tiempo para ser contemplada, espacio para desfilar y un final que permita apreciar todo lo que su creador ha querido contar.

«La belleza renace sin límites», decía el lema de esta edición. Ojalá en la próxima esos límites tampoco los marque el tamaño de la pasarela, porque La Palma tiene talento suficiente para crecer sin necesidad de encerrarlo en una lata de sardinas.


Crónicas de Pasarela | Opinión e industria de la moda

Este artículo es un análisis editorial basado en material audiovisual de los desfiles, información institucional y publicaciones posteriores a La Palma Fashion Week 2026. Las valoraciones sobre el espacio corresponden a la opinión editorial. No se dispone de cifras verificadas de asistencia ni de aforo efectivo.

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