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RUNWAY MOTION · 2026


Canarias en MBFWMadrid: una hora más para tomar el sol en una pasarela con poco bronceador

Canarias llegó a Madrid con nueve firmas, música, gastronomía y una puesta en escena construida alrededor de la identidad de las islas. La fotografía era atractiva y la presencia necesaria. Sin embargo, detrás de aquella hora de exposición quedó una cuestión bastante más importante que el desfile: si queremos hablar de una verdadera industria de la moda canaria, quizá antes tengamos que conseguir que Canarias empiece a reconocerla como tal.

Había mucho sol. Demasiado, probablemente, para quienes ocupaban determinados lugares alrededor de la pasarela. Las imágenes difundidas durante y después del evento permiten hacerse una idea bastante aproximada de la temperatura de aquella jornada madrileña. Gafas de sol entre los asistentes, abanicos, sombras duras sobre el recorrido de los modelos y esa luz vertical que no necesita demasiadas explicaciones.

Canarias Islas de Moda en MBFWMadrid septiembre 2026

Resultaba curioso. Canarias había viajado a Madrid y Madrid, por unas horas, parecía empeñada en recibirla con clima canario.

De ahí surge inevitablemente la ironía: una hora más para tomar el sol en una pasarela con poco bronceador.

Pero el bronceador es solamente la excusa. Porque detrás de la imagen amable de aquella jornada hay una conversación bastante más seria sobre qué estamos haciendo con la moda que se crea en Canarias, cómo la presentamos fuera y, sobre todo, cómo la entendemos dentro.

Nueve firmas y una oportunidad que iba mucho más allá de una pasarela

La propuesta de Canarias Islas de Moda reunió en Madrid a Chacho SVNRS, Aurelia Gil, Angie Vasquez, Diazar Atelier, Alex Menorca, Ban, Marco&María, Viperinas y Roselinde. Nueve nombres suficientemente diferentes entre sí como para demostrar que hablar de “moda canaria” como si se tratara de una estética única hace tiempo que dejó de tener sentido.

Hay firmas con años de trayectoria y otras que representan generaciones más recientes; propuestas vinculadas al prêt-à-porter, al diseño de autor, a la joyería, al calzado, a los complementos o a una moda que se mueve entre códigos urbanos y lenguajes mucho más artesanales. Precisamente ahí reside uno de los valores del sector: no existe una sola manera de diseñar desde Canarias.

Y tampoco debería existir una única manera de explicar Canarias cada vez que nuestros diseñadores salen fuera.

Porque tenemos una extraña tendencia a acompañar la moda de las islas con un enorme equipaje de mano. Viajan las prendas, naturalmente, pero con ellas parece necesario transportar también el océano, los volcanes, el clima, la gastronomía, las raíces, la artesanía, la sostenibilidad, la identidad atlántica y, si queda espacio en la maleta, algo de paisaje.

Todo eso forma parte de Canarias. Negarlo sería absurdo. El problema comienza cuando necesitamos explicar primero el territorio para poder explicar después el producto.

¿Fuimos a Madrid a enseñar moda o a enseñar Canarias?

La puesta en escena madrileña quiso ir bastante más allá de una sucesión de modelos sobre una pasarela. Hubo música, gastronomía y una voluntad evidente de construir una experiencia alrededor de Canarias. Como ejercicio de promoción territorial resulta fácil entender la fórmula. Como ejercicio de promoción de una industria de moda, merece alguna pregunta.

¿Fuimos a Madrid a enseñar nuestra moda o fuimos a enseñar Canarias a través de la moda?

No es exactamente lo mismo.

Si el objetivo principal es promocionar el territorio, tiene sentido que gastronomía, música, cultura y moda compartan protagonismo. Si el objetivo es internacionalizar empresas de moda, el centro de gravedad debería desplazarse inevitablemente hacia las colecciones, el producto, las marcas, los compradores, la prensa especializada y las oportunidades comerciales que puedan surgir después.

El problema no está en sumar disciplinas. Una buena presentación puede enriquecerse enormemente con música, arquitectura, gastronomía o arte. El problema aparece cuando alrededor de la ropa construimos tantas capas que terminamos necesitando apartarlas para volver a encontrar la ropa.

Y aquellas nueve firmas no necesitaban convertirse en decorado de Canarias.  Eran Canarias.

Estar durante MBFWMadrid no es exactamente lo mismo que desfilar en MBFWMadrid

Existe además un detalle que no debería pasarse por alto. En la programación oficial de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, “Canarias Islas de Moda Runway & Lunch” figuró dentro de la Agenda Social como “Evento social”, celebrado en la Universidad Nebrija y con acceso mediante invitación.

No es una cuestión menor ni tampoco significa restar importancia a la presencia canaria. Al contrario. Precisamente porque queremos que nuestras firmas ocupen posiciones cada vez más relevantes dentro de la industria nacional conviene distinguir entre formar parte del ecosistema generado alrededor de una semana de la moda y ocupar un espacio dentro de su calendario profesional de desfiles.

Desde fuera puede parecer una diferencia puramente administrativa. Desde dentro de la moda, donde la posición en un calendario, el horario, la localización, los invitados y la cobertura profesional condicionan buena parte del resultado, las diferencias existen.

Canarias debe estar en Madrid. Debe regresar y debería aspirar cada vez a más. La cuestión no consiste en discutir si merecía estar allí, sino precisamente en preguntarnos qué necesitamos hacer para que la próxima presencia tenga todavía más peso industrial que institucional.

Mientras miramos hacia Madrid, quizá deberíamos mirar hacia casa

Hay una paradoja que lleva tiempo acompañando a la moda de las islas. Queremos internacionalizar nuestras marcas, llevarlas a Madrid y abrirles las puertas de mercados exteriores mientras todavía tenemos pendiente conseguir que una parte importante del propio tejido económico canario identifique la moda hecha aquí como una actividad empresarial con todas sus consecuencias.

Hablamos mucho de artesanía. Y debemos hacerlo.

Canarias posee técnicas, oficios y conocimientos transmitidos durante generaciones que constituyen un patrimonio extraordinario. El trabajo manual, la producción limitada, el bordado, el calado, la joyería, el cuero o la intervención artesanal pueden aportar a una firma precisamente aquello que resulta imposible reproducir mediante una cadena de producción masiva.

Pero existe una frontera que convendría dejar muy clara: la artesanía puede formar parte de la moda canaria; la moda canaria no puede quedar reducida a artesanía.

Una marca que diseña una colección, compra materiales, desarrolla prototipos, calcula costes, contrata servicios, produce, fotografía, comunica, factura, distribuye y vende está desarrollando una actividad empresarial. Puede fabricar diez piezas o diez mil. Puede incorporar procesos manuales y puede trabajar desde un pequeño taller. Nada de eso elimina su condición de empresa.

Sin embargo, seguimos recurriendo con enorme facilidad al relato artesanal cuando hablamos de nuestros diseñadores. Es un territorio cómodo, reconocible y perfectamente integrado dentro de la imagen cultural y turística de Canarias. Mucho más complicado resulta hablar de márgenes, producción, distribución, financiación, logística, exportación, puntos de venta o capacidad para generar empleo.

Y ahí es donde empieza realmente una industria.

Una colección no puede vivir eternamente de una subvención y una pasarela

El desfile es probablemente la parte más visible de la moda y, al mismo tiempo, una de las menos suficientes para garantizar la supervivencia de una empresa. Una colección puede generar fotografías espectaculares, repercusión en redes sociales y titulares durante varios días. Después llega el lunes.

Y el lunes hay que vender.

Hay que pagar tejidos, talleres, modelos, fotografía, comunicación, transporte, impuestos y todas esas cosas bastante menos glamurosas que nunca aparecen al final de una pasarela. Es entonces cuando descubrimos si detrás del aplauso existía realmente una estructura capaz de convertir la creatividad en actividad económica.

Por eso, cuando una institución financia o impulsa la presencia de firmas canarias fuera del archipiélago, la evaluación no debería terminar contando invitados, publicaciones en Instagram o apariciones en prensa.

Deberíamos querer conocer algo más.

¿Cuántos compradores estuvieron allí? ¿Cuántos contactos comerciales se realizaron? ¿Cuántas reuniones surgieron después? ¿Qué medios especializados solicitaron material? ¿Alguna firma abrió nuevos puntos de venta? ¿Se produjo algún acuerdo de distribución? ¿Qué seguimiento comercial se hará dentro de tres meses? ¿Y dentro de seis?

Esas cifras probablemente generen menos fotografías, pero explican mucho mejor el estado de una industria.

El empresario canario también tiene que descubrir la moda canaria

Existe además una asignatura pendiente que no corresponde únicamente a los diseñadores. La moda hecha en Canarias necesita relacionarse mucho más con el resto de la economía de Canarias.

Hoteles, empresas turísticas, comercios, restauración, productoras audiovisuales, agencias de publicidad, medios de comunicación, grandes eventos y compañías con necesidades de uniformidad o imagen corporativa podrían formar parte de un ecosistema mucho más amplio alrededor del diseño local.

No se trata de comprar moda canaria por patriotismo ni de pedir a una empresa que elija un producto simplemente porque se fabrica cerca. Eso sería hacerle un flaco favor al diseñador. Se trata de conseguir que las firmas de las islas puedan competir profesionalmente por esos encargos y que, cuando una empresa canaria necesite diseño, vestuario, uniformidad, complementos o una colaboración creativa, conozca también qué profesionales tiene a pocos kilómetros.

Resulta difícil construir una industria internacional si el mercado que tienes alrededor apenas conoce tu capacidad.

Quizá durante demasiado tiempo diseñadores, artesanos, instituciones y empresas hayan vivido en habitaciones diferentes del mismo edificio. Todos hablan de economía canaria, pero no siempre hablan entre ellos.

La artesanía no es el problema

Conviene insistir porque sería injusto interpretar esta reflexión como una crítica a lo artesanal. Es justamente lo contrario.

En un mercado global donde cualquiera puede fabricar miles de prendas prácticamente idénticas en cualquier punto del planeta, disponer de conocimiento artesanal es una ventaja competitiva formidable. El error sería conservarlo únicamente como objeto cultural cuando puede convertirse también en valor añadido para productos contemporáneos.

Una pieza realizada a mano puede costar más precisamente porque detrás existen horas de trabajo y conocimientos especializados. Para que ese modelo funcione, sin embargo, el mercado debe comprender su valor y la empresa debe saber comunicarlo, comercializarlo y encontrar al cliente dispuesto a pagarlo.

Artesanía e industria no son necesariamente términos opuestos.

La industria de la moda canaria probablemente nunca tendrá sentido intentando competir por volumen con grandes centros internacionales de producción. Su oportunidad puede encontrarse precisamente en otro lugar: diseño, series limitadas, especialización, calidad, trazabilidad, proximidad, conocimiento artesanal y una identidad contemporánea reconocible.

Pero para conseguirlo necesitamos dejar de confundir pequeño con amateur, artesanal con no empresarial y local con exclusivamente turístico.

Canarias no necesita llevar siempre una postal cosida a la etiqueta

También deberíamos permitir a nuestros diseñadores algo aparentemente sencillo: diseñar sin tener que demostrar continuamente que son canarios.

Una colección creada en Tenerife, Gran Canaria, La Palma o Lanzarote no necesita incorporar volcanes, océanos, plataneras o referencias tradicionales para pertenecer a Canarias. Un diseñador japonés no tiene que colocar un cerezo en cada prenda para acreditar su procedencia y un creador italiano puede presentar una colección conceptual sin tener que explicar Roma en cada vestido.

La identidad puede aparecer de maneras muchísimo más sutiles: en la forma de entender el color, en los materiales, en la relación con el cuerpo, en determinadas técnicas, en la manera de producir o simplemente en la biografía de quien crea.

Hay diseñadores canarios cuya obra está profundamente vinculada al territorio y otros que desarrollan lenguajes completamente universales. Ambos tienen derecho a formar parte de la misma industria.

Canarias debería ser el lugar desde el que crean, no una obligación estética que deban justificar colección tras colección.

Entonces, ¿para qué sirve Madrid?

Sirve para mucho, siempre que entendamos la pasarela como un punto de partida y no como la meta.

Sirve para colocar nombres ante nuevos públicos, generar material editorial, conocer profesionales, establecer relaciones con prensa y compradores, observar a otras firmas y comprender cómo se mueve el mercado fuera de las islas. Sirve también para algo que a veces olvidamos: comparar.

Salir permite descubrir qué hacemos bien y qué todavía debemos mejorar.

Por eso la presencia de Canarias Islas de Moda en Madrid tiene valor. Las nueve firmas estuvieron allí, mostraron su trabajo y contribuyeron a colocar la creación canaria dentro de la conversación de aquellos días. Sería absurdo despreciar esa oportunidad.

Precisamente porque tiene valor debemos exigir que cada nueva participación sirva para avanzar un poco más.

Que la siguiente no sea simplemente otra fotografía.

Después del sol

Cuando terminó el desfile, los invitados abandonaron la Universidad Nebrija, las modelos dejaron la pasarela y Madrid continuó con su semana de la moda. Las fotografías quedaron. Los vídeos comenzaron a circular. Las redes sociales hicieron lo que hacen siempre: transformar unos minutos en una sucesión aparentemente infinita de imágenes.

Y después llegó el día siguiente.

Ese es el momento que más debería interesarnos.

Porque el futuro de la moda canaria no se decidirá únicamente bajo los focos de una pasarela. Se decidirá en los talleres, en los despachos, en los comercios, en las reuniones con compradores, en las tiendas online, en los encargos que lleguen desde hoteles y empresas, en la capacidad para producir a tiempo y en la posibilidad de que un diseñador pueda vivir de diseñar sin depender permanentemente de que llegue la siguiente convocatoria.

Canarias no necesita dejar de ser artesanal para convertirse en industria. Necesita conseguir que su artesanía, su diseño, su creatividad y su identidad formen parte de empresas capaces de producir, vender, crecer y generar actividad económica.

Y quizá esa sea la verdadera conversación que nos dejó Madrid.


Una hora más para tomar el sol está bien. Pero si hablamos de internacionalizar la moda canaria, la próxima vez convendría llevar menos postal, más compradores y, por si acaso, un poco más de bronceador.


Moda canaria más allá de la pasarela

La fotografía de pasarela permite conservar aquello que ocurre durante unos segundos frente al público, pero la construcción de una industria comienza mucho antes y continúa mucho después. En Crónicas de Pasarela seguiremos observando ambas cosas: lo que ocurre sobre la pasarela y todo aquello que explica por qué ocurre.

Consulta nuestras coberturas, análisis y actualidad en Crónicas de Pasarela.

Para fotografía editorial, archivo de pasarelas y licencias de imágenes en alta resolución: FashionWeekGallery.com.

Crónicas de Pasarela — Moda, fotografía e industria desde dentro de la pasarela.

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